Veleta: la mujer que tuvo que esconderse para poder ser quien era

¿Quién era Veleta? El nuevo proyecto de cine de Martin Urrutia.

Nita Carmona quiso hacer algo tan sencillo como jugar al fútbol y para conseguirlo tuvo que vendarse el pecho, esconder su pelo y dejar de ser Ana durante un rato. La película Veleta, dirigida por Paco Torres y protagonizada por Zoe Bonafonte, recupera la vida de una pionera que ayuda a entender cuánto tuvieron que desobedecer algunas mujeres para que hoy otras puedan elegir.

Hay historias que cuando llegan hasta nosotras parecen imposibles porque hemos olvidado lo reciente que es casi todo.

Ana Carmona Ruiz nació en Málaga en 1908. Cuando era niña, España todavía no permitía votar a las mujeres (eso llegó en el 31 y en el 39 nos lo arrebataron a todos y todas). Cuando comenzó a perseguir un balón, el fútbol se consideraba un territorio masculino y el cuerpo de una mujer parecía pertenecer más a las normas de los demás que a ella misma.

Nita quería jugar.

No dirigir un club, ni derribar conscientemente el patriarcado, aunque lo hizo, ni convertirse cien años después en símbolo de nada.

Quería jugar al fútbol.

Y para hacer algo que a los hombres de su edad no les exigía ninguna explicación, ella tuvo que inventarse una manera de desaparecer.

Se vendaba el pecho, escondía el pelo bajo una gorra, utilizaba ropa amplia y saltaba al campo convertida en aquel futbolista al que acabaron llamando Veleta. RTVE recoge su historia como la de una pionera que jugó en equipos masculinos y señala que sus compañeros llegaron a proteger su secreto; la investigación posterior del periodista Jesús Hurtado permitió sacar del olvido una historia que había sobrevivido durante décadas principalmente en la memoria oral. (RTVE.es)

Y hay algo profundamente injusto en todo esto.

Para poder ser ella misma tuvo que conseguir que nadie supiera que era ella. Tuvo que renunciar a su identidad.

La película que devuelve a Nita su nombre y dignifica al papel de la mujer en el deporte

Veleta está dirigida por Paco Torres, que también firma el guion junto a Amaya Muruzábal. Zoe Bonafonte interpreta a Nita Carmona y el reparto anunciado incluye a Dani Rovira, Martin Urrutia, Javier Morgade, Blanca Fernández, Adelfa Calvo, Mariola Fuentes, Eric Masip y Moe Dunford. Hasta ahora no se ha comunicado oficialmente el personaje de Martin Urrutia. Pero según las pinceladas que él mismo ha anunciado: muestra la hermandad, ha supuesto un reto para él y es entrañable y tierno.

Foto IG Sol Benito

Paco Torres ha explicado que su intención no era únicamente contar la hazaña deportiva de Nita, sino hablar de una mujer que intentó decidir quién quería ser en una época en la que esa capacidad de elección estaba muy limitada para las mujeres.

La película sitúa su comienzo en la Málaga de 1917, en un contexto atravesado por conflictos sociales, pobreza y una ciudad portuaria abierta también a influencias que llegaban desde fuera. La sinopsis oficial introduce a una Nita que sueña con jugar al fútbol mientras las faeneras toman las calles y la guerra del Rif alcanza a las familias trabajadoras.

Nita no apareció en un mundo preparado para recibirla. Llegó antes.

Una niña mirando jugar a los hombres

Ana Carmona creció en el barrio malagueño de Capuchinos. Su padre trabajaba como estibador en el puerto y las reconstrucciones de su biografía explican que fue allí donde comenzó a ver a marineros ingleses jugar al fútbol.

Una niña mirando. Un balón. Un grupo de hombres corriendo detrás de él. Y posiblemente esa pregunta que tantas mujeres han tenido que hacerse antes de aprender incluso a formularla:

¿por qué ellos sí y yo no?

A veces la desigualdad se entiende mejor así que con cualquier definición académica.

No consiste solamente en cobrar menos o en no poder votar.

También está en quién puede ocupar una plaza, qué ropa puede ponerse, cuánto espacio puede utilizar su cuerpo o qué sueños parecen razonables dependiendo de si has nacido niño o niña.

Nita no necesitaba que nadie le explicara que el fútbol estaba reservado para ellos.

Se lo explicaba todo lo que había alrededor.

Y aun así fue.

Convertirse en Veleta

Su historia acabó ligada primero al Sporting Club de Málaga y después al fútbol de Vélez-Málaga. Para jugar tuvo que ocultar que era una mujer

El apodo Veleta se ha explicado precisamente por esa capacidad obligada de entrar y salir entre dos apariencias: mujer fuera del terreno de juego y hombre ante los ojos de quienes podían impedirle jugar.

Durante mucho tiempo se ha contado esta historia poniendo el foco en el disfraz.

A mí me interesa más preguntarme por qué tuvo que disfrazarse.

Porque la anécdota de la ropa puede resultar incluso divertida contemplada a cien años de distancia. Una especie de película de enredo: una joven engaña a todos y consigue jugar.

Pero detrás no había ninguna broma. Había una mujer a la que se le había comunicado que su cuerpo invalidaba su talento.

Por eso el enfoque de género de Veleta no necesita añadirse artificialmente al relato.

Ya estaba allí.

Está en cada venda alrededor del pecho.

Nita no fue la única

Contar su historia como si fuera una mujer completamente aislada también sería injusto.

Nita fue excepcional, pero perteneció a un momento en el que varias mujeres empezaban a atravesar puertas que nadie había pensado abrirles.

Antes incluso de que ella comenzara a jugar, en Barcelona había ocurrido algo extraordinario.

En 1914 se organizó el Spanish Girl’s Club, considerado el primer equipo femenino de fútbol de España. El 9 de junio de aquel año disputaron un partido en el campo del entonces RCD Español. La prensa y el entorno social recibieron a aquellas mujeres entre curiosidad, paternalismo y burlas; incluso hubo resistencia de familiares ante cuestiones tan elementales como la ropa deportiva o los vestuarios.

Duró muy poco. Pero sucedió.

Antes de que casi nadie creyera que debía suceder.

Irene González: una portera entre hombres

Y mientras Nita intentaba hacerse un lugar en Andalucía, en Galicia otra joven estaba rompiendo prácticamente la misma pared desde otro extremo.

Irene González Basanta, nacida en A Coruña en 1909, jugó en los años veinte con hombres, destacó como portera, formó su propio equipo, el Irene Fútbol Club, y llegó a cobrar por jugar. Falleció de tuberculosis en 1928, con apenas 19 años.

Irene y Nita eran casi de la misma edad.

Dos adolescentes separadas por cientos de kilómetros descubriendo que el fútbol les gustaba en un país que todavía discutía si una mujer debía practicar determinados deportes.

Una tuvo que esconder su identidad.

La otra llegó a poner su nombre a un equipo.

Distintas maneras de contestar a la misma pregunta.

¿Quién ha decidido que este lugar no es también mío?

Lilí Álvarez: ocupar Wimbledon sin pedir permiso

Mientras Nita corría detrás de un balón, Lilí Álvarez estaba obligando a Europa a mirar hacia una deportista española.

Fue finalista de Wimbledon en 1926, 1927 y 1928, ganó el dobles de Roland Garros en 1929 y practicó además esquí, patinaje y automovilismo. No fue solamente una deportista extraordinaria: también escribió, ejerció el periodismo y reflexionó durante décadas sobre la situación de las mujeres.

Lilí podía competir internacionalmente en los años veinte mientras otras mujeres españolas no encontraban siquiera un equipo donde jugar.

Esa contradicción también explica una época.

El talento femenino podía ser celebrado como excepción mientras seguían intactas las normas que impedían a la mayoría intentarlo.

Lilí destacó tanto que resultaba imposible ignorarla.

Pero el objetivo de la igualdad nunca puede consistir en exigir que una mujer sea excepcional para concederle lo que a un hombre mediocre se le permite sin preguntas.

Nita no debería haber tenido que ser extraordinaria para jugar.

Solo debería haber podido jugar.

Margot Moles y el cuerpo que tampoco quiso obedecer

Unos años después apareció Margot Moles, una de las deportistas españolas más completas de su generación.

Practicó atletismo, hockey, natación y esquí. En 1931 ganó el lanzamiento de disco en el primer Campeonato de España femenino de atletismo y entre 1929 y 1934 batió repetidamente el récord nacional. En 1932 consiguió una marca de 22,85 metros en lanzamiento de martillo que el Consejo Superior de Deportes recoge como la mejor marca mundial de aquel momento.

Moles representa otra forma de ruptura.

No necesitó esconderse físicamente como Nita.

Ocupó el deporte como mujer y obligó a aceptar que aquel cuerpo femenino podía correr, lanzar, competir y ganar.

Después de la Guerra Civil su historia sufrió además otro tipo de borrado. Su vínculo con el republicanismo y el nuevo modelo de mujer que había empezado a desarrollarse durante los años treinta chocaron con una dictadura que restringió de nuevo qué deportes se consideraban adecuados para ellas.

Las conquistas nunca son completamente irreversibles.

También eso conviene recordarlo.

El deporte también es una cuestión de libertad

A veces tratamos la historia del deporte femenino como una colección de récords.

La primera que jugó.

La primera que ganó.

La primera que llegó.

Y esos hitos son necesarios porque ayudan a devolver nombres que fueron olvidados.

Pero detrás de cada “primera mujer” suele haber algo bastante más incómodo.

Si hubo una primera fue porque hasta entonces existía una puerta cerrada.

Nita no solo quería practicar deporte.

Quería disponer de su cuerpo. Decidir cómo utilizarlo. Correr con él. Ensuciarlo. Caerse. Competir.

Algo tan elemental puede convertirse en político cuando una sociedad ha decidido previamente que una mujer no debe hacerlo.

La igualdad también consiste en poder ser corriente

Hay algo de las pioneras que siempre me provoca sentimientos contradictorios.

Las admiro.

Pero también pienso que ninguna debería haber necesitado ser heroína.

Nos gusta contar la valentía de Nita porque sobrevivió a un sistema que intentaba impedirle jugar.

Pero habría sido muchísimo mejor que no hubiera necesitado valentía.

Que pudiera haber llegado al entrenamiento con su ropa, su nombre y su pelo.

Que el entrenador pudiera decidir si jugaba porque era buena o mala futbolista.

Nada más.

La igualdad no llegará de verdad cuando tengamos suficientes historias de mujeres extraordinarias superando barreras.

Llegará cuando una mujer corriente pueda fracasar con la misma tranquilidad con la que fracasa un hombre.

Cuando no tenga que ser excepcional para merecer una oportunidad.

Una historia que estuvo a punto de perderse

Quizá una de las partes más dolorosas de Nita Carmona es que su historia casi desapareció.

Jesús Hurtado investigó durante años quién era aquel futbolista llamado Veleta del que hablaban veteranos vinculados al fútbol de Vélez-Málaga. Aquella investigación terminó reconstruyendo la identidad de Ana Carmona y permitiendo que su nombre regresara a la historia. (elDiario.es)

Ella murió en 1940, con 32 años.

RTVE recoge que quiso ser enterrada con la camiseta del Sporting de Málaga. (RTVE.es)

Me cuesta encontrar una imagen más sencilla y más triste.

Después de tener que esconder quién era para poder ponerse una camiseta de fútbol, acabó queriendo llevársela consigo.

El fútbol no había sido una anécdota de juventud. Era parte de ella.

Todavía no sabemos quién interpreta Martin Urrutia

Martin Urrutia forma parte del reparto de Veleta, pero a fecha de este reportaje no se ha comunicado oficialmente qué personaje interpreta ni cuál es el peso de su participación. La Academia de Cine lo incluye en el elenco junto a Zoe Bonafonte, Dani Rovira, Javier Morgade, Blanca Fernández, Adelfa Calvo, Mariola Fuentes, Eric Masip y Moe Dunford, sin asignarle personaje. (Academia de cine)

Y prefiero que sea así antes que rellenar ese espacio con especulaciones.

Ya llegará el personaje.

Mientras tanto, el proyecto tiene suficiente interés por sí mismo.

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